Hablando de animales y políticos con Abinader

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Hará cosa de un mes, les contaba sobre lo que yo llamé: “los mensajes ocultos en los discursos políticos”. Esas verdades a medias, farisaicas e interesadas, conque los “líderes” tratan de voltearnos el rumbo del buen razonar.
También, hay ocasiones en que dejan caer algún barrunto que, medio nos pone a pensar en sentido distinto al deseado por ellos; y tal es el caso que quiero tratarles hoy.
Luis Abinader no es un virtuoso de la palabra, como sabemos. Digamos que, no se le considera como un “pico de oro” en la política. Y que, por lo tanto, no se le compara con los grandes oradores de nuestra historia contemporánea y felizmente ya rebasada.
Aunque, a decir verdad, ese discurso florido y ampuloso de antaño, se fue a la tumba con Joaquín Balaguer y Peña Gómez. Y no debemos, por tanto, asignarle hándicap alguno al joven y sosegado líder del PRM, por no mostrar esa rancia elocuencia.
Pero, con el trajinar de las campañas políticas, justo al final de la guerra fría, de manos con la caída de la Unión Soviética y su odioso “muro de Berlín”, nos llegó un estilo de “discursear” que mas que en la oratoria, se sustentaba en la “explicación” detallada de los hechos y propuestas que se sometían a la consideración de los demás.
Es así como, en menos de veinte años, gana terreno y nombre, un cuasi desconocido muchacho proveniente de Nueva York y de los barrios medio-altos de la ciudad. De hablar pausado y silencio tan elocuente como paciente, se registró en el medio, como “analista de temas internacional”.
En el escenario público y poco a poco, como anunciando los irreversibles cambios que afloraron con la Primavera de Praga, se fue sustituyendo el “rimbombante orador”, por un expositor mas sosegado y directo. Casi sin darnos cuenta, la tribuna bajó hasta el nivel mismo de la audiencia.
El profesor dejó la pizarra y se paseaba entre los pupitres, hasta sentarse en uno de ellos. Digamos que se “horizontalizó” el flujo del conocimiento y con ello desapareció el efecto divino, porque el maná del conocimiento, ya no vendrá mas de las alturas. Y todo este maravilloso movimiento empezó, con el cambio del discurso unipersonal por la conversación entre pares.
Debo precisar en este punto que, Leonel Fernández Reyna no era el mas reconocido y calificado, de la “nueva trova” de la explicación pública. Sé que había otros con muchísimo mas experiencia que él, porque los conocí, conviví con ellos y hasta aprendí de ellos.
En eso de encantar con la explicación sobria, precisa y detallada de acontecimientos, momentos históricos y planteamientos políticos, siempre tuvimos grandes ases, en el aula y en las tribunas. Pero, sólo él cautivó a los grandes caudillos y consecuentemente, a los votantes en las urnas.
Todo este rodeo viene a cuento, porque quiero decir que Luis Abinader, sin ser un mago del discurso, es uno de los jóvenes valores que mas fuerza de contenido, agrega a la discusión política actual. Nunca pronuncia una palabra descompuesta, ni ofensiva, ni agraviante. Hay consenso de que Luis, es “casi una dama” en eso de hablar de los demás.
Sin embargo, el hijo de don Rafael -líder al fin- a veces, dice cosas entre líneas; con elegancia y certeza, lo admito. Pero, hay que descifrarlas y ponerlas en el contexto apropiado. Si tengo que decirlo en lenguaje criollo, he de escribir que: “Si Luis Abinader deja caer alguna zurrapita en una de sus declaraciones, busque bien, que le encontrará el cocorícamo”
Por eso, cuando afirmó que: “Le ganaré al PLD, no importa que sea un León, un gato, o cualquier otro animal”, me dejó un tanto preocupado y me puse a cavilar. Realmente, no sé si pude interpretar bien, pero, espero que alguien me ayude a desentrañar el mensaje real.
Él se estaba refiriendo a los pre candidatos peledeístas; y estableció de forma precisa, una diferencia de estatura. En el grupo hay “un León”, que es un felino mayor, pero los demás no llegan a tal categoría. Si hubiera dicho “tigre”, “puma” o “jaguar” en vez de “gato”, yo pensaría que él supone que sí hay alguien del mismo nivel que tiene “el León” o algo cercano.
Además, si los otros son “gatos” -según considera Luis- eso trae consigo otra simbología, que se relaciona con las costumbres de dichos animales. Sabemos que “el León” es considerado como “Rey de la Selva” por el vulgo, aunque en realidad, señorea en las sabanas. Pero, de los “gatos”, solo conocemos sus malas mañas. ¿Qué habrá querido decir Luis?
Preciso señalar aquí que, en la “fauna” citada, solamente “el León” ruge; los demás, ronronean, braman y hasta maúllan. Y hay algunos que ni siquiera ladran, aun siendo caninos.
Lo que sucede es que Luis Abinader comprende que, con “el León” es el pleito, por eso deslinda los campos y apunta al centro de la diana. No pierde tiempo hablando con los payasos, él sabe que, su asunto es con el “dueño del circo”.
Esta actitud del líder del PRM, contrario a lo que dice la “oposición de barricadas”, no es ni fortuita ni simulada. Es una posición de conveniencia política, muy a propósito de esta época de convulsiones y destapes, donde se ha perdido la coherencia y el respeto por el rumbo que marque la vieja y siempre útil, “brújula social”.
Que no quede la mas mínima duda de cuál será el escenario de mayo, parece dejar sentado el experimentado dirigente. Porque, aunque la mano atrevida llegare hasta la convención ajena -como sucedió en el pasado- esta vez, no podrá tener los mismos resultados. Ni en una casa, ni en las otras, porque la nueva Ley de Partidos lo impide.
El hecho es, que Luis tiene la lectura correcta. Ahora, de los resultados a porvenir, los futuros; ya eso es otra historia para contar. Enfrentarse a un “León Invicto”, no deja de ser preocupante, para cualquiera. Pero, en todo caso, su papel siempre será mas digno y promisorio, que el de cualquier otro gladiador de su cuadra. Esperemos hasta la Primavera.