Ante tres mil delegados en Beirut (fragmentos)

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Tony Raful
tony.raful5@yahoo.com
Khalil Gibrán dijo que todo impulso es ciego cuando no hay conocimiento, y que todo conocimiento es inutil cuando no hay trabajo, y que todo trabajo es vacio cuando no hay amor. Esas palabras tienen las dimensiones telúricas y espirituales simultáneas que nos incorporan a la imágen más hermosa de la vida. Esta franja terrestre de luz y cielo que serpentea valles y ciudades, montañas nevadas y afluentes de aguas y cedros enhiestos contentivos de historias y sueños, este pedazo de humanidad viviente que no cesa de buscar su destino en su lengua y su cultura milenaria, en los accesos a las corrientes del intercambio del saber y la erudición, esta límpida porción de humanidad que cohabita en sus diferencias y pluralidades llamada, El Líbano. Que coexiste y se abre a la modernidad y sus aprestos de desarrollo y progreso en la ciencia y en su articulación de calidad profesional y valores humanistas, que se abre al mundo de los negocios y las riquezas, sin perder su tutoría histórica, sin negar su identidad primaria, nos congrega hoy bajo una convocatoria de descendientes, que sentimos orgullo del origen de la tierra donde el amor y la necesidad, hicieron posible la supervivencia, la exploración de otros mundos para fundar sobre el trabajo y la ética de los emigrantes, la continuidad y el apego, el amor fundacional de nuevas familias y querencias, que hoy, bajo la bandera de El Líbano, encuentran albergue espiritual y continuidad de su antepasados.

De El Líbano, las crónicas, y las múltiples confidencias de los abuelos y padres. Las cuitas del extrañamiento, de la distancia y del tiempo, pero a la vez, un invencible sentimiento de permanencia en el alma, un indisoluble lazo de continuidad en el amor, una admiración solemne por la identidad geográfica y espiritual.

Venimos del Caribe, zona de afluencia continua de emigrantes de principios de siglo veinte, venimos de tierras que fueron albergues de flujos humanos de diversas zonas, donde la Guerra, los demonios del colonialismo y la injerencia foránea, lastimaron e hicieron imposible la convivencia, azotadas por hambrunas, distribuciones de poderes imperiales . Nada nos salva ni nos recupera para la vida útil y provechosa, si no enhebramos esa decisión en el brío de la solidaridad y el desarrollo de nuestras potencialidades, para el disfrute de los goces del alma, para el reencuentro con las raíces, para encarar la post modernidad, la era digital y el mundo cibernético, para luchar efectivamente por la paz, sustentada en la voz universal de los pueblos que rechazan el armamentismo y la muerte global de la esperanza. Ahora nos congrega la conciencia universal, la voluntad granítica de resaltar el espíritu fraterno de la convivencia, del respeto a la diversidad, al ecosistema, al medio ambiente, al eje de la avenencia para vivir acorde a las leyes de todas las creencias espirituales bajo el mandato omnisciente de Dios sobre el planeta…