La estabilidad financiera y respuestas de política

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DARIS JAVIER CUEVAS
A raíz de la crisis financiera del 2008, el economista, y entonces presidente de la Reserva Federal (Fed) de EE.UU, Ben Bernanke, sostuvo que la misma había demostrado que los bancos centrales deberían prestar tanta atención a la estabilidad de precios como a la estabilidad financiera. Aunque ambas funciones fundamentales de los bancos centrales, sin embargo, tradicionalmente la preocupación ha sido la estabilidad de precios, utilizando los diferentes instrumentos de politica monetaria.

En su libro el valor de actuar, Bernanke reflexiona que la principal lección que dejaba la crisis financiera es que “uno de los legados más importante de la crisis será que la restauración de la estabilidad financiera tenga un estatus igual al de la estabilidad monetaria”. Por tal razón sostuvo que “los bancos centrales ciertamente no hicieron caso omiso de las cuestiones de estabilidad financiera en las décadas previas a la crisis, pero la política de estabilidad financiera fue a menudo vista como el socio menor de la política monetaria”.

A pesar de que Bernanke planteaba la importancia de la estabilidad financiera, siempre reconoció la relevancia de la política monetaria como uno de los mecanismos determinantes para alcanzar los objetivos de estabilidad económica, dada su efectividad demostrada. No obstante, estableció que para lograr la estabilidad financiera hay que emplear las diversas herramientas de regulación financiera junto con una apropiada vigilancia del sistema financiero, las cuales deberían ser las primeras líneas de defensa contra la amenaza de inestabilidad financiera.

Cada vez se torna relevante ese enfoque de Bernanke si se considera que a escala global la estabilidad financiera ha estado condicionada a la expansión y la transformación de las actividades financieras, fruto de que hoy en día existe un predominio de los mercados financieros internacionales. Pero el impresionante crecimiento de los mercados financieros ha estado inflado por la capitalización mundial del mercado de valores y el peso especifico que tiene el capital financiero sobre el PIB en las economías desarrolladas y un porcentaje cada vez mayor en las economías emergentes.

Pero resulta que el flujo de capital que se moviliza en los mercados financieros, acompañado de productos e innovación financiera, han creado un ambiente financiero vulnerable, donde el peso de la herramienta reguladora muestra incapacidad de control y garantía del capital invertido por el público. Tal situación se explica en que las inversiones transnacionales han experimentado un espectacular crecimiento a raíz de la puesta en marcha de la desregulación financiera que ha tenido lugar en la década de noventa del siglo XX.

A la Luz de la razón, se puede asumir que la estabilidad financiera se produce cuando que el sistema monetario y financiero opera de forma saludable y eficiente. Pues como se sabe, en una economía robusta con un crecimiento del PIB con estabilidad, esto significa que las entidades de intermediación financiera tienden a canalizar los recursos que reciben de los depositantes, lo que en la realidad se traduce en un dinamismo apreciable para los diferentes sectores productivos.

Bajo esa premisa, en la actualidad predomina la idea consensuada acerca de que la estabilidad financiera se ha convertido en la clave indispensable para el impulsar de manera responsable el funcionamiento de la economía, en virtud de que con tal objetivo se viabiliza un ambiente de confianza en el que los agentes económicos pueden tomar decisiones de manera holgada.

Una reflexión detenida acerca de la estabilidad financiera permite concluir que esta no implica necesariamente que la totalidad del sistema financiero actúe a su máxima eficiencia, o casi al máximo, a cada instante. Sin embargo, un sistema financiero estable tiene capacidad para restringir y desvanecer cualquier posible desequilibrio, siempre y cuando se respeten las normas bancarias y prudenciales establecidas. Al actuar con el buen juicio, los responsables de la gestión bancaria y el organismo regulador se adelantan a desarticular cualquier evento de crisis, al tiempo que se garantiza la preservación del valor de la moneda del país, en el desempeño de sus funciones inherentes y así promover la estabilidad financiera y la estabilidad monetaria.

Hay que poner de relieve que un sistema financiero puede considerarse estable si no existen, o se proyectan, perturbaciones que tiendan a perjudicar a la actividad económica. Pues un colapso de una entidad financiera, así como el aumento de la volatilidad se puede interpretar que los mercados financieros estan influenciados por presunción de inestabilidad o como consecuencia de incumpliendo de su índice de solvencia y aumento de la morosidad, las cuales desfavorecen la salud del sistema financiero e impactan de manera negativa en la economía y la estabilidad financiera, las respuestas obligadas deben de ver con políticas monetarias, fiscales y cambiarias serias.

El autor es economista