Yo soy

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Juan Francisco Puello Herrera
Decía Pablo VI que el egoísmo mutila al hombre. Pero de qué le mutila. Propiamente, le priva de muchas cosas, como es entre otras, la oportunidad de cultivar la sinceridad y ejercer la humildad. Entretejidos en una complicada trama contra ellos mismos, una considerable cantidad de personas hace uso exagerado de la primera persona del singular y del presente indicativo soy.

Traducido lo anterior, se resume al yo soy, que se emplea para destacar cualidades que en la mayoría de los casos quien alardea de esta, la convierte en una servidumbre de sus desvaríos. Puede afirmarse, que al elegir el ser humano una línea de conducta con un “yoismo” enfermizo, entra en el campo minado de la indiferencia acompañado de una fuerte inclinación a presumir de los que carece.

El empleo excesivo del yo soy, es una desviación patológica que alcanza niveles insospechados, una especie como la denomina Sigmund Freud de compensación ficticia, en la que el sujeto tiende a aparentar más de los que es. Al realizar un análisis de las personas a que necesitan de una fuerte dosis de renuncias a su autosuficiencia, que esta montada sobre la base de superficialidades y complejo de inferioridad.

El yo soy es una aberración que no tiene justificación, porque la expresión de por si es dañina y no contribuye a fomentar el espíritu comunitario que debe prevalecer en todo grupo social. Hay que tener el firme propósito de desterrar para siempre el empleo del yo soy, que constituye un obstáculo para generar la confianza que pretendemos ganar para Dios