Bosch, profesor en el exilio

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El 2 de enero de 1964 el diario puertorriqueño El Mundo publicó la inesperada pero buena noticia de la invitación remitida al profesor Juan Bosch por el rector de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez, para que desempeñara el rol de conferenciante y consultor de ese centro académico, devengando un salario de 10 mil 800 dólares al año.

La información fue extraída de una carta firmada por ese dirigente académico, con un contenido íntegramente laudatorio, donde ponía de relieve que era tradición de esa institución trabajar para que Puerto Rico continuase siendo “la honrosa patria del exiliado”.

Benítez aludía de ese modo a la acción solidaria emprendida para contratar a Bosch, lo mismo que en años anteriores se hiciera con los refugiados republicanos que llegaron a la isla tras concluir la guerra civil española; entre los que había numerosos científicos, intelectuales, artistas y técnicos asimilados por la universidad e integrados a su cuerpo docente.

Entre ellos sobresalía el escritor Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura (1956), el violinista catalán Pablo Casals, el poeta León Felipe y los maestros de arte, Sebastián González García, María Pilar González Lamela, Cristóbal Ruiz y Esteban Vicente.

Además, la profesora de filosofía María Zambrano Alarcón y su esposo Alfonso Rodríguez Aldave, el escultor Francisco Vásquez Díaz (Compostela); los pintores José Vela Zanetti, Antonio Prats Ventós, Ángel Botello Barros, Carlos López Marichal, Hipólito Hidalgo de Caviedes Gómez y Eugenio Fernández Granell.

En su carta a Bosch, el rector Benítez resaltó el papel de la Universidad de Puerto Rico respecto a los exiliados, como una forma de subrayar la muestra de solidaridad ofrecida en 1938 por su país al estadista dominicano, cuando siendo un joven opositor de 31 años huyó de la dictadura trujillista y se refugió durante cerca de doce meses en esa isla.

Bosch retornó a la tierra de Eugenio María de Hostos y Ramón Emeterio Betances el 1ro. de octubre de 1963, en calidad también de exiliado, aunque protegido entonces por el gobernador del Estado Libre Asociado, Luís Muñoz Marín, quien envió a la isla de Guadalupe un avión bimotor de la autoridad de fuentes fluviales de Puerto Rico, a rescatarlo del infame destierro a que fue condenado por los militares golpistas que derribaron su gobierno democrático.

Por este motivo el rector Benítez le dijo en su carta que mientras imperara la situación que privaba a la República Dominicana de su concurso, aquel centro de estudios superiores, fundado en 1903 en Río Piedras y el más antiguo de la tierra borinqueña, sería “recinto acogedor de su talento”, para que reanudara allí su valiosa labor creativa “en provecho de las letras”.

El distinguido académico instruyó a los institutos de investigación social de la Universidad para que se ocuparan “de examinar con objetividad y rigor la gestión pública” de Bosch “dentro del marco de la sociología del Caribe”, y ordenó también programar los cursos de conferencias que éste ofrecería a los alumnos de esa academia, los cuales “suponían el análisis de la precaria estructura de la vida democrática en diversas partes de América”, tomando en cuenta que “en todos estos campos su participación tendría valor excepcional”.

En esta importante comunicación, Benítez valoró el rol de Bosch como conferenciante de esa academia, ya que los estudiantes de lengua española iban a leer sus cuentos y novelas, ydentro de su programa regular, conocerían sus valiosos ensayos sobre historia, política y literatura; de manera especial, el libro “Hostos, el sembrador”, biografía que albergaba la doctrina pedagógica y social del destacado Ciudadano de América.

El contrato extendido a Bosch por la Universidad de Puerto Rico comprendía en su primera etapa un período de seis meses de duración: del primero de enero al 30 de junio de 1964, y consignaba que sólo estaba obligado a radicar sus escritos ante el cuerpo docente; por lo cual no tenía que vivir necesariamente en la isla, aun siendo “escritor residente”.

Dicho contrato fue renovado el día 30 de junio de 1965 y prorrogado más tarde hasta el 30 de junio de 1966, sin que se manifestara un solo reparo en su contra, pese a que Bosch había regresado a su país el 25 de septiembre de 1965, al concluir la guerra civil y en el segundo aniversario del golpe de Estado que derrocó su gobierno democrático.

Sin embargo, el 7 de febrero de 1966 irrumpió en la prensa boricua la voz crítica del senador Charles Henry Juliá Barreras, del Partido Estadista Republicano, quien exigió al Senado puertorriqueño disponer una investigación sobre el referido convenio entre el escritor dominicano y la Universidad de Puerto Rico, a fin de conocer “la fecha cuando el señor Bosch contrató para enseñar en la UPR”, la “cátedra que ocupa y el horario de trabajo”, así como “el sueldo que devenga, las ausencias que ha tenido y la fecha en que juró el cargo, y si prestó el mismo juramento de fidelidad que se exige a los demás funcionarios públicos”

Esa investigación fue objetada por el senador Luís Negrón López, vocero del Partido Popular Democrático de Luis Muñoz Marín, quien advirtió que ésta podía ser una peligrosa injerencia en los asuntos internos de la academia, aunque recomendó enviarla a comisión, antes de que se convirtiera en resolución, para que allí se determinara si era lesiva a la autonomía universitaria.

Ante este sólido argumento, el senador Juliá Barreras declaró “que no deseaba que su petición envolviera una intromisión indebida en la autonomía de la Universidad”, y estuvo de acuerdo en que fuese previamente discutida por una comisión senatorial.

La polémica en torno al contrato de Bosch sería arreciada por el periódico El Mundo dos semanas después de las elecciones efectuadas en 1966 en la República Dominicana, cuando el diario más antiguo y de mayor circulación en la vecina isla, se opuso a que éste fuese renovado por las autoridades universitarias que encabezaba el recién nombrado rector, licenciado Abraham Díaz González.

En su editorial del 17 de junio de ese año, el diario El Mundo repudió el contrato que -a su juicio- era “una canonjía sin justificación” que debía ser rescindido por el nuevo rector, al considerar exagerado el salario de 10 mil 800 dólares anuales que recibía el escritor y político dominicano.

El cuestionamiento de este medio de prensa se manifestó con las siguientes palabras: “Es increíble e inesperado que Puerto Rico, con su enorme problema educativo, cuya solución aún no está ni siquiera a la vista a pesar de las grandes sumas que se gastan al año para resolverlo, permita que un hombre que no guarda relación adecuada alguna con nuestra Universidad, disfrute de una subvención semejante”.

Dicho diario calificó también el contrato de “una burla indignante hacia el pueblo puertorriqueño”, ya que consideraba que Bosch había utilizado la isla como refugio en sus malos tiempos, “aceptando nuestra hospitalidad y nuestro dinero”

Luego de esta agria exposición y por el mismo motivo, se manifestaron contra el contrato: la filial borinqueña de la Legión Americana, una organización representativa de los veteranos militares; el periodista Luis Antonio Miranda y el presidente de la Unión de Trabajadores de Muelles de Puerto Rico, Juan Pérez Roa.

El 22 de junio de 1966 el exrector Jaime Benítez informó a los medios de comunicación que el profesor Juan Bosch había renunciado a su condición de “escritor residente” de la Universidad de Puerto Rico, en el mes de marzo, tras haber producido en dos años y medio de labor, su gran novela “El Oro y la Paz” y sus obras: “Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana”, editada en 1964, donde expuso el papel de la corrupción en el golpe de Estado, y “Bolívar y la Guerra Social”, publicada en Buenos Aires, Argentina, en 1966.

Bosch desistió de prorrogar el contrato al “no poder dedicar el tiempo que quisiera” a la actividad creativa como deseaba la institución universitaria, ya que iba a dirigir la línea opositora del partido blanco frente a la gestión presidencial del doctor Joaquín Balaguer, que iniciaba su famoso “Gobierno de los doce años”.

Punto final

Juan Bosch era un escritor bien valorado en el mundo cultural e intelectual antes de ingresar a la Universidad de Puerto Rico en calidad de consultor y conferenciante, pues estaba calificado como el mejor cuentista de su generación en América Latina, tras haber obtenido el premio Hernández Catá, el galardón literario anual más significativo de Cuba, por la calidad literaria de su relato “Luís Pié”, en 1943; y haber ganado, al siguiente año, el premio de periodismo “Hatuey”, otorgado por la Sociedad Colombista Panamericana, de La Habana, por su ensayo: “La mayor aventura americana”, que escribiera sobre el tema haitiano, con motivo del 1er. centenario de la Independencia dominicana.

A estas distinciones había que agregar otros relatos escritos por Bosch, de indiscutible trascendencia en las letras hispanoamericanas, como “Camino Real”, “Indios”, “Judas Iscariote, el calumniado”, “La Mañosa”(novela) “La muchacha de la Guaira”, “Cuba, la isla fascinante”, “David biografía de un rey”, “Simón Bolívar, biografía para escolares”, “Cuentos escritos en el exilio” y “Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo”.
Igual que los expresidentes Domingo Faustino Sarmiento y Rómulo Gallego, de Argentina y Venezuela, el profesor Bosch se había destacado en el campo de las letras, logrando el aprecio de sus lectores y el derecho a figurar de modo sobresaliente en las más importantes historias y antologías de la literatura de América Latina.

Tanto así que en la “Nueva historia de la literatura americana”, del reputado crítico peruano Luís Alberto Sánchez, fue definido como “espléndido realista dominicano” y en un artículo fechado el 21 de agosto de 1955, publicado en el diario El Mercurio, el más importante de Santiago de Chile, por la autorizada pluma de Hernán Díaz Arrieta, utilizando el seudónimo de Alone, se establecía que: “El estilo de Juan Bosch posee una carga eléctrica especial. Su cuerda no se halla nunca floja. Donde uno la toque, emite sonidos vibrantes. Jamás se da distraer por metáforas inútiles o admite adornos superfluos; eso la debilitaría. También se ve que le importa sino una cosa: el fin”.

La trascendencia del político y cuentista dominicano se trasladó al ámbito magisterial el 27 de febrero de 1958, cuando fue invitado a ofrecer una charla sobre la historia de su país en la Universidad Central de Caracas, en Venezuela, de la cual surgió su obra “Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo”.

Bosch volvió a dicho recinto unos meses más tarde, el 18 de noviembre, a encabezar un ciclo de conferencias sobre la técnica del cuento, y en abril de 1961 se trasladó a San José de Costa Rica, para ser profesor de la asignatura Historia Política de América Latina en el Instituto de Educación Política creado por los expresidentes José Figueres Ferrer y Luis Alberto Monge Álvarez, donde ya laboraba el conocido ciudadano rumano-americano Sacha Volman, en calidad de tesorero, y se encontraban como profesores los peruanos Víctor Raúl Haya de la Torre y Armando Villanueva del Campo, los cubanos Aureliano Sánchez Arango y Alberto Arredondo, y el abogado paraguayo Elpidio Yegros.

Allí Bosch recibió como alumnos a estudiantes de diversos países de América Latina que buscaban formarse en ciencias políticas; entre ellos 57 jóvenes dominicanos, 26 de los cuales eran miembros del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, 25 del partido blanco y seis de la Unión Cívica Nacional.

Entre las figuras sobresalientes surgidas de esa jornada educativa, habría que mencionar al líder político José Francisco Antonio Peña Gómez, al vicepresidente de la República Rafael Francisco Alburquerque de Castro, a la vicepresidenta de la República Milagros María Ortiz Bosch, al economista José Rafael Ángeles Suárez, a la médico Asela Morel Pérez, al educador José Andrés Aybar Sánchez, al economista Arismendi Díaz Santana, al poeta Rubén Darío Echavarría, al actor Iván García Guerra,al escritor y crítico de cine Armando Almánzar Rodríguez, al médico Washington Aníbal De Peña, al escritor Viriato Sención Rodríguez,al abogado Ramón Andrés Blanco Fernández, al abogado Francisco Antonio Campos Villalón, al abogado José Rafael Molina Ureña, al ingeniero Jaime Durán Hernando, al publicista Brinio Rafael Díaz Rodríguez, al doctor Armando Antonio Hoepelman Ripley, al licenciado Fernando Ortiz Bosch y al licenciado Norge William Botello Fernández.