Los millones para la JCE

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Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do
UNO: MILLONCITOS QUE NO CAEN MAL.- La Junta Central Electoral debe buscar detalles, precisar el dato y luego explicar a la opinión pública qué significa el aumento de 3,290 millones de pesos incluido en el Presupuesto del 2019 y aprobado por el Consejo de Ministros la semana pasada. Tres mil y pico de millones no es cualquier suma, pero como el organismo o su presidente juegan con los números y hablan de cantidades exorbitantes, conviene saber si da o para qué da. ¿Esa fue la partida que se solicitó o el Ejecutivo aprovechó la ocasión para hacerse el gracioso o ser generoso con la entidad? ¿Tiene la JCE un claro destino para esos fondos, si se usarán para pagar deudas o cubrir gastos imprevistos o posibles eventos originados por la Ley de Partidos? La Junta de seguro, y como el resto de la población, solo conocerá el titular de periódico, y el fin de semana tan largo impidió hacer las averiguaciones de lugar o cálculos que se imponen para determinar si la apropiación es suficiente. El asunto en esencia es político, pero en la práctica económico. Si abundan recursos, la fiesta no será de pobre. Un salón más grande, y en vez de una orquesta, dos o tres.

DOS: EN SEGUNDA INSTANCIA.- La Junta Central Electoral debe pronunciarse ahora que el dinero está en papeles, pues el Presupuesto irá a las cámaras legislativas, y como en las bodas de parroquia, o habla ahora o calla para siempre. De no quedar satisfecha con el aumento de fondos, los partidos que aprobaron la legislación, y constituyen mayoría en el Congreso Nacional, se verían obligados a remediar la precariedad. Aunque todo a ojo de buen cubero o consultando al propio organismo, pues nadie sabe con seguridad cuánto se necesitará para los eventos del 2019. Las primarias, por ejemplo. La JCE no conoce al día de hoy la decisión que se tomará al respecto. Y hay dos aspectos a considerar. El padrón y el número de organizaciones. No cuesta lo mismo que se hagan con registro propio a que se use uno universal. Y tampoco sería igual que se sometan a consulta 27 organizaciones a que solo sean cuatro, o simplemente dos. La curiosidad mata, pero la posibilidad abruma. La prueba en sí pondrá en dicho o en entredicho a los partidos, pues a partir de ahora se sabrá dónde democracia interna y dónde dominio de cúpula. Que sea una cosa u otra provocará consecuencias, y los partidos lo saben. Si manejar esa circunstancia fuera fácil, no hubieran hecho reserva, y sancionado lo opcional, no tomaran tanto tiempo en decidirse.

TRES: JUNTOS Y SIMULTÁNEOS.- Que un partido como el PRM pueda realizar 34 actividades simultáneas a nivel nacional, habla bien de sus capacidades. Hubo la consabida posposición, pero nada que afectara la disposición de ánimo. Además de que lo bueno no tiene que ser perfecto. Lo primero es la logística: movilizar gente con una finalidad interna y un propósito inédito de formación. Lo segundo es contar con un personal en calidad para discurrir sobre temas diversos, y con solvencia intelectual. Lo tercero es actuar sobre el terreno de manera armónica y de conjunto, como partido, y haciendo abstracción, aunque fuera por un día, de los grupos. Lo cuarto es que transcurrido el hecho no se levantan voces críticas y al parecer se gozó la feligresía y el espíritu de iglesia. La imagen proyectada hacia afuera fue alentadora, y habrá que revisar los guiones, pues no se pensaba que para estas fechas los seguidores de Hipólito Mejía y Luis Abinader podrían convivir bajo un mismo techo y llevar a cabo tareas comunes. El partido como partido se asumió institucionalmente, ya que los líderes o potenciales candidatos continuaron con sus afanes de campaña. Un poco más hacia afuera que adentro y correspondiendo a una situación preocupante. La falta de crecimiento.

CUATRO: LA IMPORTANCIA LOCAL.- Las conferencias del pasado sábado cuentan entre sus virtudes el escenario. Fueron dictadas en poblaciones del interior, mayormente, y eso es importante, pues se tenía la impresión de que el PRM era un partido de la capital y que no echaba ni desarrollaba raíces en los pueblos. Los liderazgos locales no llenan las expectativas, y no las llenan porque -sencillamente- no hacen el trabajo. La convención fue una oportunidad que se perdió, y se perdió porque los jefes de tendencia manipularon a distancia. Quisieron que fueran los suyos que ocuparan las posiciones, y eso fue tan cierto que al conocerse los resultados, cada cual cantó victoria en lo que se propuso. Con frustraciones en el medio o en la base ninguna organización política puede consolidarse. La hazaña de las 34 conferencias dictadas el pasado fin de semana, si levantó el ánimo y provocó el entusiasmo de que hablan los interesados, sería un elemento de reconsideración o de conciliación o de integración importante. No una vuelta de página, como fuera oportuno, pero sí de mayor entendimiento. Existe la equivocación de solo avanzar la candidatura presidencial, y olvidarse de las nominaciones congresuales y municipales, una situación que después se lamenta cuando el gobierno central se despacha a sus anchas.